Usted puede estar muy contento con su iPhone. Y si consiguió la iPad creerá haber tocado el cielo con las manos, literalmente (en rigor, es una pantalla sensible al tacto de tipo capacitivo, pero adelante, lo entiendo).
Sin embargo, y aunque no lo saben aún, algunos usuarios de estos dispositivos están corriendo un serio riesgo. No notarán ninguna diferencia al principio. El mal se instalará poco a poco. Hasta que sea tarde.
Un día, el menos esperado, el flagelo del iPhone, agazapado durante meses, atacará con virulentos síntomas tan pronto la pobre víctima intente usar un equipo de cualquier otro tipo. Lo sé, primero, por informes susurrados furtivamente en el submundo informático y, segundo, porque conozco gente que los está padeciendo en carne propia los así llamados iSymptoms .
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